Scheherezade

Uno de los primeros libros de adultos que cayó en mis manos fue Las mil y una noches. Empecé a leer la historia de Scheherezade y quedé atrapada, como el sultán, cuento tras cuento mientras la desgraciada mujer hilvana los relatos que la salvarán de la muerte. Quizá fue esa experiencia de lectura lo que me impulsó hacia la escritura. Me gustó la hija del visir, que es la otra cara de Penélope, ambas dedicadas a tejer y esperar y contar medias verdades, hermosas mentiras. Las palabras como seducción, y un objetivo: sobrevivir.

Claudia Casanova

Además de las novelas que encuentran tu yugular y no te sueltan hasta que las terminas, quizá por culpa de Scheherezade me interesan, no, me fascinan todos los libros sobre las maneras de narrar, no importa si tratan de política, correspondencias, o del viaje del héroe, por recuperar aquellos volúmenes de Joseph Campbell (héroe a su vez de George Lucas, y en parte responsable del arco narrativo hermético e impecable de Star Wars). Las categorías deben conocerse, porque luego el goce de mezclarlas es aún mayor: pasar de la Poética de Aristóteles y las múltiples moradas de Claudio Guillén a Robert McKee sobre cómo se escribe un guión y el último manual del buen escribir. Que viva la lectura híbrida.

Porque somos seres híbridos, capaces de fundir en un beso crueldad y ternura. Bailamos entre la voluntad y la carne, siempre esclavos de la ecuación sin resolver de nuestras vergüenzas y apetitos. Nuestro cuerpo es el campo de batalla donde amanecen cada día los pedazos desmembrados del pasado y de las ilusiones, mientras llegan nuevos soldados, con el deber de morir o vencer. Y cada noche, interrumpimos la historia de nuestro viaje cuando arribamos a nuevo puerto o al lugar del naufragio. Que vivan todas esas batallas, y sus cicatrices, para recordarnos cómo fue el combate y que estábamos vivos para luchar.

Por eso me gusta Scheherezade, la mujer prisionera que embruja a su carcelero, la que narra su camino consciente de que en el juego de contar, se juega la propia vida y sigue adelante, con ingenio y sin perder su camino. Que vivan las mujeres que hablan, que escriben, que narran y que viven sin miedo, porque de ellas será la victoria.