Felicidad

Leyendo la entrevista a Julian Barnes en El País a propósito de la publicación de su última novela, El ruido del tiempo, esta afirmación: “No fui feliz en mi piel hasta convertirme en escritor (…) Este es mi negocio. Este es mi placer. Esto es lo que soy”.  Y reconozco en la contundencia de sus frases la verdad en estado puro.

Las fuentes de la felicidad son las mismas para todos, como predicaba Tolstoi. La satisfacción de la paz, el sexo, la familia, el trabajo, son caminos por los cuales alcanzamos (siempre brevemente, siempre demasiado escaso) ese instante de pura alegría, de gozo absoluto. Pero lo fascinante y perverso de la escritura es que es muy fácil olvidarse del placer que proporciona. Porque enfrentarse a la página en blanco, a la fragilidad de desnudarse entre letras (no importa lo que se escriba: al contar, siempre nos contamos) no es fácil, es un combate entre la idea siempre platónica que baila seductora frente a nuestros ojos y que luchamos por atrapar, y las maltrechas herramientas y voluntades con las que terminamos capturándola. No es que escribir sea equivalente a sufrir, o al menos no es así en mi caso. Pero escribo mejor cuando no me queda más remedio, cuando todas las espadas apuntan a mi garganta y la única escapatoria es una puerta cuya única llave está en mi mano.

Antes de la felicidad, amar las tempestades que la preceden.

Claudia Casanova escritora novela literatura novela histórica la dama y el león la tierra de Dios